El cierre de la frontera con Estados Unidos frenó las exportaciones de ganado en pie y provocó un reacomodo interno con impactos económicos, sanitarios y de bienestar animal. A la par, la reaparición del gusano barrenador —erradicado desde 1991— cruzó una línea crítica: dejó de ser contingencia para convertirse en un factor estructural que reordena la economía ganadera en México. La interrupción del flujo comercial histórico desequilibró un sistema que beneficiaba a ambos países, elevando costos y presionando la sanidad y logística del sector.
Fuente: El Economista
