Lejos de la narrativa polarizada que dominó el debate público, el impacto central de la reforma hídrica se definió en un plano técnico: la certeza jurídica para producir alimentos con un uso más eficiente del agua. En ese ámbito participó el Consejo Nacional Agropecuario (CNA), presidido por Jorge Esteve Recolons, que encabezó un trabajo técnico para evitar que la nueva legislación se tradujera en un freno a la actividad productiva. El organismo impulsó ajustes orientados a dar claridad regulatoria, proteger la inversión en el campo y garantizar la viabilidad del sector agroalimentario en un contexto de creciente estrés hídrico.
Fuente: Tierra Fértil
