La producción de alimentos en México atraviesa una crisis estructural que se ha profundizado durante décadas, debilitando la autosuficiencia nacional. Factores como bajos precios al productor, altos costos de insumos y falta de apoyo sostenido han precarizado al sector agrícola. Como resultado, el país se ha convertido en el segundo mayor importador de granos básicos a nivel mundial. Esta dependencia contrasta con el encarecimiento de alimentos para los consumidores, evidenciando un sistema desigual donde productores ganan menos y la población paga más.
Fuente: El Universal
